Mientras tanto, Alexander conducía por las sinuosas carreteras a toda velocidad, con la mente convertida en un mar de preocupaciones. Las enfermedades de Malcolm siempre le provocaban una oleada de pánico; ver a su abuelo debilitado le resultaba insoportable. En medio de su frenética carrera, marcó el número de Gary.
—Gary, escucha con atención —dijo con urgencia—. El abuelo no está bien. Ve a la mansión y échale un vistazo.
El médico al que había llamado Claudia no le inspiraba ninguna confian