Beth no se dejó engañar. Sabía que sus promesas eran tan vacías como su corazón. Una vez que le diera dinero, lo malgastaría en el juego y volvería a ella, exigiendo más. No caería en su trampa otra vez.—No tengo dinero —espetó con exasperación—. ¿No ves que mi madre acaba de ser operada? ¿Tienes idea de por lo que he pasado? ¡Solo déjanos en paz, por favor!El aire vibraba con tensión, una mezcla volátil de ira y desesperación. La paciencia de Lionel, ya de por sí escasa, se agotaba. Había estado reprimiendo su rabia durante demasiado tiempo, consciente de que volverse violento en el hospital lo metería en problemas de nuevo. Pero el desafío de Beth lo estaba llevando al límite. Estaba perdiendo los estribos.—Tienes un "sugar daddy" rico, ¿no? —se mofó—. Parece bastante prendado de ti. Con tu aspecto, probablemente puedas manipularlo para que te dé lo que quieras.Un sabor amargo inundó la boca de Beth.—Lárgate de aquí —escupió—, ahora mismo. O si no, gritaré.Lionel la fulminó
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