Una amplia sonrisa se extendió por el rostro de Aurora, quien apretó la mano de Beth para darle ánimos.
—Pero si te hace sentir mal, siempre puedes acudir a mí. Sé perfectamente cómo manejar a mi hermano.
La frustración de Beth comenzó a derretirse ante la calidez de sus palabras. El apoyo de Aurora alivió su ansiedad y sintió una renovada fuerza.
—Gracias, Aurora. De verdad significa mucho para mí —un brillo travieso apareció en sus ojos—. Aunque, por casualidad, ¿tenías algo más que decirme a