POV: Zoé DupontEl aire en el salón de los Patriarcas ya no era oxígeno; era estática pura, un zumbido ensordecedor que vibraba en mis dientes y me entumecía los dedos. El Eco de la Paradoja se retorcía en el centro, una masa informe de arrepentimientos ajenos.—¡Lucien, tenemos que anclar la anomalía! —grité, clavando mis botas en el suelo agrietado. Sentía cómo el Eco tiraba de mis propios miedos, susurrándome que nunca sería suficiente para proteger lo que amaba—. ¡Se está alimentando de tu fuerza!Lucien, en su imponente forma de Dios-Lobo, soltó un gruñido que hizo temblar las columnas de mármol negro. El pelaje plateado de su lomo estaba erizado, pero las zarcillas del Eco se enredaban en él como parásitos hambrientos. Por cada gramo de poder divino que Lucien ejercía, la mancha oscura se volvía más densa, más física. Era un circuito de retroalimentación mortal.—¡Zoé, usa tu luz! —rugió Lucien, volviendo su cabeza de lobo hacia mí. Sus ojos dorados ardían con una urgencia salva
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