Capítulo 58: Baile tensoLos flashes seguían estallando como pequeñas bombas de luz. Ariadne parpadeaba sin dejar de sonreír, el brazo de Damián aún alrededor de su cintura, firme, protocolario, completamente vacío.Podía sentir el calor de su cuerpo a través de la seda del vestido, pero era un calor prestado, sin alma. Como estar pegada a una estatua caliente.—¡Una más! ¡Miren hacia acá! —gritó un fotógrafo desde algún lugar entre la multitud.Damián giró ligeramente, arrastrándola con él. Ariadne obedeció, dejándose llevar. Su sonrisa dolía ya de tanto sostenerla, los músculos de la mandíbula tensos, el estómago hecho un nudo.El teléfono en su bolso seguía vibrando a intervalos, como un latido enfermo que no se decidía a parar.Tenía que ser Freddie, pero ella no podía contestar.Arthur se colocó a un lado, posando también, apropiándose del momento como si él fuera el verdadero protagonista. Su sonrisa era amplia, satisfecha, la de un hombre que ha logrado controlar un incendio an
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