Alyssa arrugó su frente, tratando de recordar si había oído ese nombre antes. No logró encontrar en su memoria nadie que se llamase así, pero cuando Alyssa vio la foto en la lápida se dio cuenta el por qué. Una pequeña niña le devolvía la sonrisa, de cabello perfectamente rizados, ojos azules y brazos delgados. Tenía las obvias facciones Caruso en una forma más angelical y femenina, con tan solo al menos unos cinco años.Con un escalofrío, Alyssa recordó a Lana en Sacra Corona. Ciara, la niña de la foto, y Lana debían tener la misma edad, y Alyssa se preguntó cómo habría sido el futuro de Lana si no hubiese sido también producto de la trata de blancas.Suspirando, Alyssa subió su mirada hasta Eros, quién la miraba a su vez exhaustivamente.—Antes de que digas nada, ¿podrías hacerme una promesa? —Eros frunció su ceño, pero asintió de inmediato casi como si no necesitase pensarlo—. Si alguna vez tomas el mando de la mafia de tu padre o de cualquier mafia, prométeme que nunca trabajarás
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