Eros inclinó su rostro, desilusionado.—Tampoco estás pagando con tu vida, por más que la pongas en riesgo tras cada misión —le respondió—. Podría haber sido peor, Alyssa: el gobierno podría haberte atrapado y estarías muerta desde hace mucho tiempo atrás.Alyssa respiró hondo y suspiró, porque por más que deseara hundirse en su hoyo de autocompasión, Eros tenía razón: si no hubiese coincidido con Elián ese día, ella probablemente estaría muerta.—Odio ser repetitiva, pero insisto: no quiero casarme, Eros. —Alyssa sacó la entrada extra a su boda—. Ni siquiera puedo invitar a mi familia. ¿Y después de la boda?, ¿qué sigue? ¿Alessandro me obligará a darle un nieto? No, no, no. Me niego a parir un hijo de Elián, ya es suficiente con el hijo de Livia.Eros acercó un poco su cuerpo hacia Alyssa, tomando la invitación que había tirado al suelo. Él la vio en sus dedos, detallando las iniciales "E.C." y "A.F." en la portada. La invitación era hermosa, en tonos dorados y blancos como una clási
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