El pasillo era largo, interminable. Pero, casi como si hubiese ocurrido el día anterior, Alyssa encontró el lugar justo donde ella y Eros habían estado. La ventana seguía allí, la alfombra seguía allí, el papel tapiz y todo lo demás seguían exactamente igual.Lo único que había cambiado desde ese día era la actitud de Eros, quien, previo a ese suceso, había sido amable con Alyssa. Él la había entrenado, le había prometido ayudarla a terminar esa misión, a apoyarla en lo que necesitara. Pero, desde ese día, él era todo lo contrario: mujeriego, un tonto que la hería con sus palabras, y un cabrón que la trataba como la mierda.Alyssa gruñó al apartar la mirada de ese lugar, y sintió instantáneamente el alivio inundarle cuando vio la luz colándose desde una puerta de metal para emergencia.– Ya serás libre, Lana. –Sonriendo ante la victoria, Alyssa le susurró al oído a la niña en sus brazos.Era un milagro que no se hubiesen topado con ningún guardia, pero Giulia no creía lo mismo.– Alys
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