Madison estaba sentada en la sala de espera del piso ejecutivo.La última vez que la vi, llevaba las sábanas de mi cama envueltas alrededor de su cuerpo desnudo. Ahora vestía un traje gris que no le quedaba bien, el cabello recogido en un moño descuidado, y ojeras que delataban noches sin dormir.Se levantó cuando nos vio llegar.—Evie...—No me llames así.El apodo de mi infancia sonaba obsceno en sus labios. Como una profanación de todo lo que alguna vez fuimos.Madison bajó la mirada.—Merezco eso.—Mereces mucho más que eso. —Crucé los brazos—. ¿Qué haces aquí, Madison? ¿Derek te envió a espiar?—Derek no sabe que estoy aquí. —Su voz temblaba—. Si lo supiera, me mataría.Nathan dio un paso adelante. Su presencia llenó el espacio como una tormenta contenida.—Dice que tiene información sobre mi madre. Habla.Madison tragó saliva. Sus ojos saltaban entre nosotros como los de un animal acorralado.—Necesito garantías primero. Protección. Derek está... —se detuvo, respirando hondo—. De
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