El set ocupaba tres plantas de un edificio de producción en Brooklyn.Evelyn lo supo desde el ascensor. El ruido técnico, los cables, las voces que hablaban de iluminación y de ángulos. Un olor particular a madera nueva y pintura seca que se mezclaba con el café de trapos de una máquina de la planta baja.Nathan apretó su mano cuando salieron del ascensor.—¿Lista?—No lo sé todavía.Esa era la respuesta honesta.La directora de producción las recibió en el pasillo: Marta Chen, cuarenta años, pelo cortísimo, una tablet siempre en la mano. Había hablado con Evelyn por teléfono docenas de veces en los últimos meses. Verla en persona tenía algo de extraño, como poner cara a una voz que ya conoces.—El equipo está en el set principal —dijo Marta—. Tienen cuarenta minutos antes del siguiente bloque. Es el mejor momento para que veas cómo está quedando.Evelyn asintió.Nathan la siguió de cerca, sin hablar, sin hacer preguntas. Sabía cuándo el silencio era lo que ella necesitaba.El set pri
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