La noche en el Palacio Obsidiana se siente muy silenciosa, pero para Aria, esa quietud resulta opresiva. Después de la tensión con el Alto Consejo, su cuerpo está agotado, pero su mente no deja de dar vueltas. Cuando finalmente concilia el sueño junto a Alaric, quien duerme profundamente, su conciencia no se apaga; en cambio, es arrastrada hacia un torbellino de niebla fría y oscura, fuera del tiempo.Aria ya no se encuentra en su magnífica habitación. Está de pie en medio de un estrecho pasillo de madera con un olor húmedo. Los sonidos de pasos apresurados y jadeos llenan sus sentidos.Gira la cabeza y ve a una mujer. Se parece muchísimo a ella, pero su cabello plateado luce apagado por el polvo, y su rostro está lleno de puro miedo. Selene. Su madre.Aria intenta llamarla, pero no sale ningún sonido. Solo puede ser una testigo muda, atada a la perspectiva de su madre.Selene corre a través de una tormenta de nieve en los límites del territorio de la Luna de Plata. En sus brazos, s
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