Polvo antiguo revoloteaba en el aire frío cuando la pared secreta debajo del mural del Templo Crescent se abrió por completo.
Afuera, el sonido del choque entre la espada de Alaric y la magia de los hechiceros de La Espina Silenciosa resonaba como trueno lejano, pero en este pequeño recodo, el tiempo parecía haberse congelado.
Aria se arrastró hasta el compartimento estrecho. Su corazón latía con fuerza, al compás del pulso en su vientre que pedía cada vez más.
Allí, sobre un cojín de terciop