La lluvia tormentosa azotaba la capital licántropa mientras el grupo secreto regresaba al Palacio Obsidiano por la puerta trasera.
El aire dentro del palacio, que solía ser cálido, ahora se sentía opresivo, como si la sombra del propio Rey estuviera propagando frío en cada rincón de las habitaciones.
Alaric llevaba en brazos a Aria, desmayada por el agotamiento de su energía.
Su rostro era impasible, duro como el granito, pero sus ojos brillaban con una oscuridad a punto de estallar.
Zephyr