La cueva temblaba violentamente, no solo por el impacto físico, sino por la carga emocional que llenaba su atmósfera. Aria Crescent permanecía de pie frente a la laguna negra, ahora calmada, sosteniendo el Núcleo del Vacío un cristal en forma de corazón que latía con una luz púrpura a la vez mortal y hermosa. En la palma de su mano, el cristal se sentía caliente, como si llevara toda la ira y la tristeza que Silas había acumulado durante tanto tiempo.
Frente a ella, el Avatar de Malakor una fig