El Valle de la Ceniza no era solo un nombre geográfico. El lugar era una herida abierta en la superficie del continente, un cañón gigante siempre cubierto por una bruma gris de ceniza volcánica, resto de una antigua erupción que, según cuentan, fue provocada por la guerra de los dioses. Aquí, bajo la sombra de acantilados escarpados y afilados como los colmillos de un lobo, Aria Crescent intentaba encontrar refugio. Su respiración se agarrotaba; cada inhalación se sentía como tragar trozos de v