Frío. Ese era el único sentimiento que podía percibir Aria Crescent mientras su cuerpo era arrojado al torrente del río subterráneo oscuro como la noche.
El agua no era normal; estaba mezclada con la esencia de la energía del Valle de la Ceniza, que helaba hasta los huesos.
Con una mano, Aria apretaba la túnica de Lucian, que permanecía inconsciente, y con la otra intentaba agarrarse a cualquier cosa para no separarse de Alaric, que flotaba a unos metros por delante.
La cueva sobre ellos acab