El Mar de las Lágrimas no era solo un nombre. Frente al navío El Renacimiento de la Noche, el océano se extendía en un color de plata fundida que no tenía olas, sino que latía como un corazón agonizante. El aire aquí era muy pesado; cada respiración traía un sabor amargo que oprimía el pecho una concentración de millones de plegarias sin respuesta y llantos ignorados por los dioses. Aria Crescent permanecía de pie en la proa del navío, sus dedos temblorosos apretaban con fuerza el Anillo Imperial en su mano. Las venas negras ahora se habían extendido hasta su cuello, otorgándole un frío congelante pero también un poder incontrolable.Frente a ella, el Faro del Dolor se alzaba alto, una torre de obsidiana que parecía absorber toda la luz a su alrededor. Y en la cima, el pequeño Lucian su hijo, que debería estar en la protección de otra dimensión estaba sentado tranquilamente, mirando a Aria con ojos plateados que ya no tenían pupilas.Alto aquí, General Kaelen ordenó Aria, su voz s
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