El Mar de las Lágrimas no era solo un nombre. Frente al navío El Renacimiento de la Noche, el océano se extendía en un color de plata fundida que no tenía olas, sino que latía como un corazón agonizante.
El aire aquí era muy pesado; cada respiración traía un sabor amargo que oprimía el pecho una concentración de millones de plegarias sin respuesta y llantos ignorados por los dioses.
Aria Crescent permanecía de pie en la proa del navío, sus dedos temblorosos apretaban con fuerza el Anillo Impe