La Llanura de Hielo Eterno se convirtió en testigo silencioso de una ironía mortal. Por un lado, Aria Crescent permanecía de pie con piel agrietada que irradiaba la luz dorada del sol, símbolo de vida ardiendo. Por el otro, Alaric Obsidian se alzaba con una túnica blanca impecable que parecía absorber todo el calor a su alrededor. Sin embargo, el blanco en Alaric no era el de la pureza; era el blanco de huesos secos, el blanco de la muerte purificada de toda emoción.Sus ojos sin pupilas miraban a Aria con frialdad. No había ira, no había amor, ni siquiera reconocimiento de los recuerdos que habían compartido.¿Alaric... qué te han hecho? su voz temblaba, ahogada por el rugido del viento helado. ¿Por qué llevas ese color? ¿Dónde está la oscuridad que siempre compartimos?La oscuridad es una carga, Aria su voz sonó clara, pero como un eco desde lo profundo de un pozo. Malakor me ha mostrado que para salvar al mundo de la destrucción que traes, debo abandonar mi humanidad. Soy la Pur
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