Carmine despertó sola en medio de una cama partida por la mitad, inclinada por la falta de la pata izquierda, su cabello estaba enmarañado, algunas marcas de dientes en sus brazos y hombros. Su cuerpo debiera estar adolorido y fatigado por la crueldad con la que ese pervertido albino marco su territorio, pero estaba lista para repetir el rodeo y por demás deseosa.Su teléfono sonó, un mensaje de texto la hizo saltar de los sobrantes de cama.*Las palabras de Bastián daban vueltas en su cabeza, la necesidad de entenderlo la dejo hundida en una locura, compartían el mismo dolor, no solo un vínculo y un destino, también un deseo de venganza.Un día le confiesa una cosa al otro algo nuevo, ¿y qué era lo que debía creer? era un traidor lame botas o enemigo implacable de Magrini.—Azahara, ¿estás ahí? —Desde adentro de la habitación escucho su nombre.La calma de la clínica era solo un mordaz compañero de pensamientos profundos. Acudió a la voz del bastardo de Magrini, sus ojos endurecid
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