En el abismo de la penaLos días transcurrían en la mansión Velmont, pero el deterioro y el dolor de la joven Caroline se hacían cada vez más evidentes. Su rostro mostraba profundas ojeras por la falta de sueño, su piel estaba pálida por no comer, y su ánimo se había desvanecido, confinándola a su habitación. Esta situación provocaba la ira de Leopoldo, no solo por la preocupación que le causaba su hija, sino también por la impotencia de verla así.Una tarde, Leopoldo irrumpió en la habitación con furia. Sin mediar palabra, se acercó a Caroline y la agarró del brazo con rudeza, levantándola de la cama de un solo tirón. Caroline soltó un quejido, pero él solo le sostuvo el rostro con brusquedad, obligándola a mirarlo.—Levántate de esa cama o recibirás otro castigo —amenazó Leopoldo con voz fría.Caroline se soltó bruscamente, mirándolo con una mezcla de enojo y dolor. Al verlo, los recuerdos del asesinato de su amado Samuel, el padre de su hija, inundaron su mente. Samuel había sido u
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