Fortaleza en la oscuridad
Lucía
De repente, vi a Verónica tambalearse y corrí hacia ella. La sostuve con firmeza, mi corazón latiendo con intensidad en mi pecho.
—Verónica —la llamé, tratando de mantener la calma—. ¿Estás bien?
Pero su cuerpo se volvió pesado en mis brazos, y supe que se había desmayado. La desesperación me invadió.
—¡Verónica, despierta, por favor! —grité, mi voz quebrándose—. ¡Joven Charles, venga rápido!
La puerta se abrió de golpe y Charles entró apresuradamente. Se arrodil