Era lo que significaba.Se acercó, levantó la mano y dibujó con el dedo una línea imaginaria sobre su pecho.—Aquí —susurró—. Donde el alfa y el hombre se cruzan.El pulso de Aron se aceleró.Leyla sacó una pequeña hoja envuelta en tela. No metal moderno. Hueso pulido.—No te muevas.—No lo haré.Cuando la hoja cortó la piel, fue rápido. Preciso. La sangre brotó oscura, caliente. El olor llenó el aire de inmediato, despertando algo salvaje en ambos.Leyla apoyó la mano manchada de sangre contra la pared.El dúplex tembló.No físicamente.Energéticamente.Las marcas antiguas reaccionaron, resistiéndose. Leyla apretó los dientes, dejando escapar un gruñido bajo, involuntario.—Leyla… —dijo Aron con voz cargada—. Mírame.Ella lo hizo.Sus ojos ya no eran completamente humanos.—No te vayas —dijo él—. Quédate conmigo aquí.No era una orden.Era una súplica contenida.Leyla respiró hondo, anclándose a su voz, a su presencia. La energía se estabilizó poco a poco, hasta que la pared quedó… si
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