El sonido de la puerta fue lo que trajo a Derek de vuelta de sus locos pensamientos. Quería saber que carajos estaba sucediendo, de dónde había salido ese niño, y por qué no sabía de él. — Degel, tus padres llegan pasado mañana, ¿Nos vamos a quedar a esperarlos, cierto? Tú madre dijo que tenía muchas ganas de verte, eres su hijo pequeño, y te echa mucho de menos. — Está vez no nos vamos a quedar, Braulio, tengo algo muy urgente que hacer en los Estados Unidos, que preparen mi avión, lo quiero listo en media hora, sube por los equipajes, salimos en quince minutos. Al mano derecha le pareció muy extraño que su jefe y amigo quisiera salir de la villa y de México, casi de inmediato. Sabía cuánto quería Degel, a su madre, y por lo general se esperaría a verla. Braulio, cumplió las órdenes al pié de la letra. En media hora estaban ya a bordo del avión. Apenas subieron, el mafioso comenzó a beber. — Degel, a ti te está pasando algo, ya deja de actuar de esta forma, apenas su
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