El día de Evelyn pasó en un borrón.Comparado con el día anterior, la carga de trabajo se había duplicado. Los archivos se apilaban sin fin sobre su escritorio, las reuniones se solapaban y, para cuando por fin se recostó en su silla, los ojos le dolían ligeramente por el esfuerzo.Justo cuando estaba a punto de tomarse un breve descanso, llamaron a la puerta.Leo entró.Igual que el día anterior, llevaba una caja de almuerzo perfectamente empaquetada.Excepto que esta vez… no era solo el almuerzo.En la otra mano sostenía un ramo de flores frescas.Evelyn parpadeó.—Para usted, señora —dijo Leo con cortesía, colocando ambas cosas sobre el escritorio.Su mirada se detuvo en las flores.—¿Para mí? —preguntó, atónita.Leo sonrió con timidez. —Sí, jefa. De parte del jefe.Evelyn no pudo evitarlo: sus labios se abrieron en una amplia sonrisa mientras tomaba las flores.—Gracias —le dijo educadamente a Leo mientras él salía. Luego acercó las flores frescas a su nariz e inhaló su aroma.-
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