Roman la miró de nuevo, notando el sutil cambio en su expresión.Sus ojos descendieron hasta la mano de ella, que descansaba sobre su estómago.Su mirada se detuvo allí un instante antes de volver a la carretera.—¿Evelyn?Ella parpadeó y se volvió hacia él. —¿Mmm?—¿Estás bien?Evelyn sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos. —Solo cansada.Roman le apretó la mano. —Ya casi estamos en casa.Ella asintió, recostando la cabeza contra el asiento, con la mano aún sobre su estómago.«Seré una mejor esposa», prometió en silencio. «Le daré todo. No permitiré que nadie me lo quite».—Cuando llegaron a casa, Roman insistió en prepararle un té a pesar de sus protestas.—Siéntate —le ordenó con suavidad, guiándola hasta el sofá—. Descansa. Yo te lo traigo.Ella quiso discutir, pero el agotamiento del día por fin la alcanzó. Se hundió en los cojines, observándolo moverse por la cocina con naturalidad.Regresó unos minutos después con dos tazas. Se sentó a su lado, tan cerca que sus hom
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