Un par de risitas bajas se extendieron por la sala en cuanto se hizo el comentario.La sonrisa de Evelyn no vaciló.Entró con calma, la espalda recta y los pasos firmes.Sus ojos se alzaron hacia la cabecera de la mesa y, por una fracción de segundo, se detuvo.El parecido era asombroso. Casi idéntico al de Roman.«Debe ser Marcus».La certeza se instaló rápidamente, pero no dejó que se notara más de un latido.Siguió avanzando, buscando un asiento.Cada vez que se acercaba a uno, alguien lo bloqueaba sutilmente.Se movió hacia otro. Apareció una carpeta sobre él.Otro más. Una mano descansó allí con naturalidad.El mensaje era claro.No era bienvenida.Su sonrisa se tensó solo un poco.Cuando llegó a otra silla, un hombre tenía la pierna estirada sobre ella.Esta vez, Evelyn no dudó.Dio un paso adelante, apartó la pierna de un golpe seco, retiró la silla con un movimiento fluido y se sentó.La sala se agitó.—¡Qué insolencia! —espetó el hombre, poniéndose de pie de un salto.—David,
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