AdriGio me estrechó con fuerza entre sus brazos mientras nos despedíamos. Hoy se iba a Londres por una semana; tenía reuniones todos los días. Habíamos pasado el fin de semana más increíble. Nos quedamos todo el tiempo aquí, en mi apartamento. Yo cociné para los dos, hicimos el amor, vimos películas y hasta salimos a correr. Ni rastro del CEO gruñón. Anoche fuimos a su casa solo para que hiciera la maleta y, aun así, volvimos aquí a dormir. Sentía que, cuando estaba en mi casa, podía desprenderse de Diego Morales, el CEO, y ser simplemente un hombre normal… mi hombre. Podía olvidarse por un rato de quién era y de todo lo que se esperaba de él.La dinámica entre nosotros había cambiado.No sabía cómo detenerlo, pero me estaba enamorando.Sentía que me hundía poco a poco bajo el agua, su agua… el hechizo precioso de Diego Morales.—Nada de escalas, ¿sí? —susurré.Sonrió mientras nos besábamos.—Y nada de hablar con chicas a las que suban de clase.Me agarró el trasero.—Deja de hablar,
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