«¿Por qué hiciste eso?», le pregunté mientras liberaba mis manos de las de Bruno, con el corazón latiéndome tan fuerte que ahogaba cualquier otro sonido.«¿Hacer qué?», preguntó Bruno, cruzando los brazos.«Hiciste que pareciera que era una prostituta», lloré, con un sabor amargo en la garganta.«¿No es esa la imagen que querías darle?», preguntó Bruno, escrutándome con la mirada.«Así no, Bruno. Parecía demasiado real, como si realmente lo hubiera hecho. Dios mío». Las lágrimas brotaron incontrolablemente de mis ojos, nublándome la vista.«Al menos él se lo creyó». Bruno se acercó para tocarme, pero yo di un paso atrás.«Quiero que me dejes sola», dije con calma, cerrando los ojos a pesar de que me ardía el pecho.«Betty, vamos». Sabía que tenía las manos levantadas, casi tocándome, típico de Bruno.«Vete por ahora», dije con firmeza. Bruno suspiró y luego oí que se abría y se cerraba la puerta. En cuanto me quedé sola, abrí los ojos de par en par y mi llanto se hizo más fuerte. Me q
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