Doménica convocó el consejo para las nueve de la mañana.No lo pidió. Lo comunicó con el tono de quien lleva suficiente tiempo liderando para saber que la diferencia entre pedir y comunicar no es cortesía sino claridad, y que la claridad en el momento equivocado cuesta vidas.La casa central tenía una mesa larga de madera oscura que olía a décadas de pescado y aceite de motor y algo más difícil de nombrar, como el tiempo mismo sedimentado en la fibra de la madera. Alrededor de esa mesa, cuando llegué, ya estaban Dante, Sera, Patricia, Kael, Emil, Doménica, Isaías y Quiroga. Nadia no estaba. Nadia seguía en la enfermerí
Leer más