Habían pasado algunos días desde el nacimiento de los gemelos y por primera vez la noche había caído en completo silencio.No era el mismo silencio de antes de que nacieron los pequeños, no era el de la incertidumbre o el miedo, era uno distinto, un silencio lleno.Como si todo, por fin, hubiera encontrado su lugar.La manada dormía, después de temporadas de tensión, de sangre, de decisiones de vida y muerte y ahora, todo estaba en calma.Y en el centro de esa calma, en la cabaña más protegida del territorio, la luz permanecía encendida.Selina no dormía, estaba sentada junto a la ventana, envuelta en una manta ligera, observando la luna, alta, inmutable, presente, como siempre.Pero ahora, ella la sentía diferente, no afuera, sino dentro, como si formara parte de su interior.Un leve pulso hizo eco en su mente, una presencia tranquila, la loba en su cabeza, su loba interior, estaba vigilante, constante.Era extraño sentirla, la loba no la invadía, no hablaba si no era necesar
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