Punto de vista de MarianaMe desperté temprano, antes de que el sol siquiera tocara el horizonte. La mansión era un silencio sepulcral, roto solo por el lejano zumbido del control de temperatura. Entonces, desde la habitación de Michael, al lado, llegó el sonido: su alarma. No era un timbre suave. Era un pitido digital agudo que se repetía con un ritmo rápido y agresivo, como una pequeña explosión persistente. Gemí, frotándome la arenilla de los ojos, y bajé las piernas por el borde de la cama. No había tiempo que perder. El desayuno y la escuela me esperaban, y el aire ya se sentía más pesado que ayer.Para cuando llegué al comedor, Michael ya estaba en la mesa. Había dispuesto los cubiertos con precisión militar. El tenedor estaba exactamente a cinco centímetros del plato. El cuchillo estaba paralelo a él, con la hoja hacia adentro. La cuchara estaba... siendo examinada."Mariana", dijo sin levantar la vista, con voz nítida. "La cuchara está orientada al noreste. Debe estar orientad
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