Al otro lado de la ciudad, la mañana en Solaviz comenzó bajo un cielo cálido y despejado.—¡Mamá, Grace todavía no se pone los zapatos! —La voz de Josh resonó desde la sala.Althea salió de la cocina con dos loncheras en las manos. Llevaba el cabello recogido con pulcritud, el gesto ocupado pero sereno, como cada mañana.—Grace, mi vida, ven aquí. Mami te ayuda. —Se agachó y tomó los piecitos de su hija.Grace se rio.—¡Yo puedo sola, mami!—Puedes —intervino Josh con una sonrisa presumida—, pero te tardas una eternidad. ¿Quieres llegar tarde el primer día de clases?Grace hizo un puchero, muy ofendida.—Josh es malo.Josh se encogió de hombros.—Solo digo la verdad.Althea suspiró con una sonrisa.—Bueno, ustedes dos. No empiecen el primer día con una pelea.Grace miró a su hermano con los ojos entrecerrados.—Josh, ¿tienes miedo de la escuela nueva?—Para nada. —Josh se irguió, mostrando con orgullo lo alto que estaba ya, casi tan alto como Daven—. Soy grande, Grace. Un hombre alto y
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