C53-YA NO PUEDO SEGUIR MINTIENDOTEEl silencio de Mateo oprimió el pecho de Bianca de una forma extraña, porque nunca lo había sentido así, nunca tan quebrado, nunca tan lejos y tan cerca simultáneamente.—Oye —dijo, más nerviosa, acariciándole el rostro como si ahora fuera ella quien quisiera consolarlo—. Háblame. Me estás preocupando.Mateo apretó la mandíbula y se secó las lágrimas con el dorso de la mano, pero fue inútil, porque seguía temblando, seguía respirando como si el aire pesara demasiado, seguía hundiéndose.Bianca llevó ambas manos a su cara y la sostuvo con delicadeza.—Mírame... —murmuró, aunque era ella quien no podía verlo—. Dime qué pasa. Lo que sea, dímelo a mí.Mateo sintió que ya no podía continuar ocultándose, estaba agotado, de la máscara, de la voz falsa, de las medias verdades, de permitir que Bianca lo amara en tinieblas mientras la luz del día la empujaba hacia hombres que no la merecían, estaba exhausto de vivir como si su amor necesitara pedir permiso par
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