Doña Carmen irrumpió en la serena habitación de Esmeralda presa del pánico, sus ojos estaban desorbitados y su lápiz labial rojo, desordenado, emulando la sombra de la tormenta que los invitados habían traído a El Jardín.“¡Estás lista ahora! ¡Arriba, arriba!”, siseó Carmen, su tono ya no era el de una mánager personal sumisa, sino el de una madre que ha encontrado una trampa justo en su nido.Esmeralda levantó su cuerpo rígido. Había pasado esos dos días curando las cicatrices de Lobo, planeando sus acciones y leyendo libros sobre mitología sobrenatural. Su ropa informal estaba arrugada.“¿Quién? ¿Alonso o Nicolás?”, preguntó Esmeralda, con voz tranquila. No permitió que el pánico se extendiera.“¡Ambos están aquí, maldita sea! No literalmente, pero el Príncipe Nicolás ha enviado una delegación de honor, que viene de Roma. ¡Son hermanos Vampiros! El Clan Volkov: el más longevo, el más influyente y el más demente. ¡Esto no es solo una sesión, es una inversión política de Nicolás!”“¿D
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