DanielleEl mundo se redujo a ese punto de presión entre mis piernas. Damien no retrocedió y, sosteniendo mi mirada con esa intensidad que parecía quemarme la piel, adueñándose de mi miedo, empujó lentamente sus caderas, reclamando lo que había decidido que sería suyo.Fue lento, implacable. Sentí cómo mi cuerpo se estiraba más allá de lo que creía posible, una invasión masiva que me robó el aire. Hubo un dolor agudo, un ardor repentino cuando él rompió mi barrera, enterrándose en mi canal virgen.—¡Ah! —grité, clavando las uñas en sus bíceps tensos, mi cuerpo instintivamente tratando de retroceder.Pero él no me dejó. Sus manos en mis caderas eran cepos de acero que me mantenían anclada en el lugar, obligándome a aceptar su invasión.—Shh… lo sé, lo sé —susurró, deteniéndose justo cuando la punta de su miembro estuvo completamente dentro. Damien no salió, se quedó allí, llenándome, estirándome.—Respira, Danielle. Pronto pasará.Las lágrimas picaron en mis ojos. Estaba tan llena y,
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