Capítulo 34: Es lo que aprendimos.
El polvo se levantaba en nubes asfixiantes mientras el sonido de los golpes secos y la respiración agitada llenaban el aire. Keydan parecía fuera de sí, a pesar de que Matthew esquivara algunos golpes y atestara otros contra el labio de Keydan y su mandíbula, el pelinegro no parecía sentir dolor, estaba enfocado en una sola cosa.
—¡Keydan, basta! —gritó Cade, lanzándose sobre ellos para intentar separarlos.
Pero Keydan era puro instinto. Cada vez que Matthew intentaba zafarse, Keydan lo golpeab