Capítulo 23. Otra vez el ego herido.

No cayó.

Unos brazos fuertes la atraparon antes de que sus rodillas tocaran el suelo.

Arthur la sujetó por la cintura y la pegó contra su cuerpo con un movimiento reflejo, protegiéndola, estabilizándola contra la pared de la jaula.

El mundo dejó de moverse.

El chirrido del elevador pasó a segundo plano.

De repente, estaban pegados. Pecho contra pecho. Cadera contra cadera.

El rostro de Camila quedó a milímetros del de Arthur. Podía ver las motas doradas en sus iris azules. Podía ver la pequeña
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Ana Maria VittoEse Arthur es de los nuestros bien masoquista jajajajaja quiere saber de fantasmas o mejor dicho del fallecido jajajajaja si supieras Arthur jajajajaja
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