••Narra Catrina••La cicatrización había sido lenta. O mejor dicho, tortuosa. La comezón no se detenía y nada me lo calmaba. Aprendí a resistirme mientras estaba despierta, luchando contra la sensación. Pero de noche…—Connor, necesito ir al baño —Le dije, pero su pecho seguía subiendo y bajando a un ritmo lento, relajado—. ¡Connor!Lentamente, abrió los ojos, mirándome con aquellos ojos verdes, apagados por el sueño.—¿Te duele algo? —Su mano fue a mi cintura, acariciando suavemente. —Necesito ir al baño —repetí, sintiendo que mi vejiga iba a estallar. Rápidamente, me desató las manos. Sí, así es, ¡me las desató! Esa fue la solución que encontró para evitar que yo me rascara la parte posterior de las piernas mientras dormía. Y si que funcionó. Aunque no lo culpo. Le di un susto unas tres veces, porque al despertar, descubría que me había retirado la mayor parte de las gasas. Fui al baño y volví en un santiamén. Él me esperaba, medio dormido. Era consciente de que si se dormía, y
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