POV Emma.El miedo. Era una bestia fría y tentacular que me subía por la garganta, aprisionándome el aliento.Sentía que el grito se atoraba en mis cuerdas vocales, una súplica muda que pugnaba por liberarse, pero solo lograba un temblor incontrolable en todo mi cuerpo. Cada fibra de mi ser vibraba con una alarma primal. Llevé una mano instintivamente a mi vientre, como si con el simple tacto pudiera crear un escudo invisible.Dentro de mí, mi hijo se movió.Una patadita suave, apenas perceptible, pero que para mí fue un recordatorio contundente de la vida que crecía en mi interior. Veinte semanas.Pronto serían veinte semanas de esperanza, de amor incondicional, de un futuro que ahora pendía de un hilo.—¿Por qué me están haciendo esto? —susurré al vacío, mi voz ronca y quebrada por el terror.Ya no temía por mí. Mi propia vida, en ese momento, era secundaria. El verdadero terror me invadía por mi hijo. Esa criatura inocente, pura, indefensa. Sentía la desesperación clavarse en mi a
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