Dalila permanecía sentada en el sofá, con el cuerpo inclinado hacia adelante y las manos entrelazadas, incapaz de encontrar quietud. Sus piernas se movían de forma constante, reflejando los nervios que no lograba apaciguar.—No debí dejar que se fuera de esa manera… —murmuró para sí misma.Se incorporó con decisión, como si ya no pudiera soportar la incertidumbre. Caminó hacia la puerta con la intención de salir en su búsqueda, pero al abrirla se detuvo. Frente a ella, casi en el umbral, estaba Nayla.Por un instante, ambas se quedaron quietas, sorprendidas por aquel encuentro inesperado.—Nayla… —pronunció Dalila.Ella no respondió. Su mirada se posó brevemente sobre Dalila, pero no había palabras en ella. Sin decir nada, avanzó y entró en la habitación, pasando a su lado.Dalila cerró la puerta con cuidado, observándola en todo momento.Nayla se detuvo unos pasos más adentro, dándole la espalda al principio. Finalmente, se giró hacia ella.—Así que no es un “él”… es un “ella” —resal
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