Damián abrió los ojos con lentitud, todavía atrapado en el sopor del descanso, y parpadeó un par de veces antes de enfocar a Dalila, que ya se encontraba completamente alerta y visiblemente alterada.—¿Qué ocurre…? —murmuró con la voz aún cargada de sueño.—¡Ya es de día! —respondió ella—. ¡Levántese y vístase rápido!Se apartó de la cama y recogió la ropa de él del suelo. La arrojó sobre el colchón con prisa antes de girarse para comenzar a envolverse nuevamente con las vendas, cubriendo su torso con rapidez experta, como si cada segundo contara. Sus manos se movían con precisión, apuradas, mientras luego se colocaba el resto de su indumentaria, recuperando en cuestión de instantes la apariencia del General Gael.Damián, en cambio, se incorporó con más lentitud, aún despejando el letargo del sueño, y comenzó a vestirse sin la misma urgencia, lo que provocó que Dalila le dirigiera una mirada impaciente.—¡Apúrese! —insistió—. Nadie debe verlo salir de aquí. ¡Váyase ya!—Está bien, est
Leer más