Asherad la tomó aquella noche con frenesí. La reclamó como suya con una energía avasallante, marcando cada instante que él mismo llamó castigo, aunque en el fondo se trataba de una entrega desbordada, alimentada por el aroma de ella, que parecía gobernar cada uno de sus sentidos. La tomó con más rudeza, le dio varias palmadas a sus nalgas, dejó mordidas en su espalda y estiró de su largo pelo para que levantara la cabeza. La noche se volvió larga y exigente. Asherad no tuvo prisa; al contrario, se permitió prolongar cada instante, como si quisiera grabar en su memoria cada reacción, cada gemido que ella soltaba cuando la embestía con más fuerza.La intensidad con la que él la buscaba, la manera en que su cuerpo respondía al de ella, le provocaron a Sigrid un cansancio dulce y profundo, ese agotamiento que solo llega después de una entrega total. Lo que él llamaba castigo se manifestó, en realidad, como una demostración cruda de cuánto la deseaba y de cuán profundamente lo dominaba su
Ler mais