En ese instante todo lo demás dejó de importar. Ni el lugar en el que estaban, ni las normas que los rodeaban, ni la opinión de los demás tenía peso alguno. El mundo exterior parecía haberse desvanecido, como si el estudio entero hubiera quedado aislado del resto del universo. Solo existían ellos dos, el calor de sus cuerpos, el roce de sus labios.En medio de ese momento, Gael soltó lentamente la empuñadura de su espada, como si abandonara el último acto de defensa que había intentado mantener. En lugar de aferrarse al arma, tomó la mano de Damián y sus dedos se entrelazaron con los de él mientras continuaban besándose, sujetándose uno al otro.Pero entonces algo cambió.En medio de aquel beso, Gael empezó a sentir una presión en el pecho. En cuestión de segundos aquella incomodidad se transformó en algo mucho más intenso, como si algo en su interior comenzara a resquebrajarse.Se separó abruptamente.—No… —murmuró—. No… basta.—No te resistas —le dijo Damián—. Sé que a ti también te
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