Gael se inclinó junto a la cama, observando con creciente angustia el estado en que se encontraba Damián. El joven temblaba sin control bajo las mantas, atrapado en un estado febril que parecía consumirlo desde dentro. —Joven Damián… por favor, aguante un poco más —habló Gael—. Sé que esto debe doler, pero terminará pronto. No puedo llamar a un médico… y tampoco puedo hacer nada para aliviarlo. Aunque suene absurdo, esto es parte del proceso. Escuche, su sello se ha roto. Está liberándose de las fuerzas oscuras, por eso su cuerpo reacciona de esta manera. Si puede oírme, le ruego que resista. Tiene que ser fuerte.Damián permanecía con los ojos cerrados, como si estuviera atrapado en algún lugar lejano. Sin embargo, tras unos instantes, sus párpados temblaron y se entreabrieron lentamente.Su mirada estaba borrosa, perdida, como si le costara enfocar la realidad que tenía delante. Durante un momento pareció no reconocer nada a su alrededor, hasta que sus ojos se posaron finalmente en
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