—No… no quiero eso —respondió Damián.
Sin embargo, después de pronunciarlo no añadió nada más. Porque, en el fondo, sabía que Gael tenía razón. No deseaba aquello que el General había descrito con tanta crudeza, pero tampoco podía refutarlo.
Cada una de sus palabras era cierta. La realidad era esa: jamás podría casarse con él, jamás podría presentarlo ante el clan, jamás podría caminar a su lado frente a todos como su pareja legítima.
La certeza de ese hecho lo golpeó con fuerza. Su expresión s