En ese instante todo lo demás dejó de importar. Ni el lugar en el que estaban, ni las normas que los rodeaban, ni la opinión de los demás tenía peso alguno. El mundo exterior parecía haberse desvanecido, como si el estudio entero hubiera quedado aislado del resto del universo. Solo existían ellos dos, el calor de sus cuerpos, el roce de sus labios.
En medio de ese momento, Gael soltó lentamente la empuñadura de su espada, como si abandonara el último acto de defensa que había intentado mantener