Sigrid llevaba un vestido levemente escotado que dejaba entrever un poco sus senos, ajustándose suavemente a su figura. En la parte superior, un par de botones contenían la tela, y Asherad, sin dudarlo, los desabrochó uno a uno, dejando que la tela cayera y liberara sus pechos.Mientras la embestía con fuerza sobre la mesa, sus manos se aferraron a ella, apretando un seno, luego el otro, arrancándole gemidos que llenaban el aire.Con suavidad, colocó una mano entre sus pechos, masajeando la piel con cuidado antes de deslizar sus dedos por el abdomen, descendiendo hasta la zona íntima de Sigrid. Allí comenzó a explorarla con delicadeza, moviendo los dedos sobre su punto más sensible mientras continuaba embistiéndola y guiando sus caderas, haciendo que los gemidos de ella se mezclaran con sus palabras.—Sigrid… —susurró Asherad, con la voz ronca por el deseo—. Tienes un cuerpo increíble, absolutamente exquisito. Si tan solo pudieras mirar a través de mis ojos, comprenderías cuánto te de
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