Habían transcurrido dos días luego de la visita de Antonio; la casa en Suiza estaba en calma. Eso fue algo que no le gustó a Ángela, pues el silencio ahí no era algo posible; si eso sucedía, se sentía un vacío total.De repente, un dolor extraño comenzó; primero fue algo leve, una presión, una pequeña incomodidad que no supo identificar de inmediato.—No es nada… —murmuró ella, más para tranquilizarse que por certeza.Por instinto, apoyó la mano en su vientre, respiró profundo, pero el dolor no se fue. El segundo espasmo llegó más fuerte, más profundo, real; Ángela se sostuvo del borde de la mesa, su respiración se volvió irregular.—No… no, no ahora… No, por favor, no…El miedo no fue por ella, nunca lo era.—Tranquilos, chiquitos… Shh, shh, shh —susurró, como si ellos pudieran escucharla. —Tranquilos… To… Todo estará bien.Su cuerpo no obedecía, comenzaba a sudar frío; intentó caminar, pero sus piernas no respondieron como debían. El dolor subió y se instaló en ella.Por primera vez
Leer más