Punto de vista de NadiaLa puerta se abrió lentamente, y mi estómago se hundió hasta la planta de los pies antes de que mi cerebro tuviera tiempo de registrar lo que veía. La figura en el umbral era más alta de lo que recordaba, más ancha de hombros, pero fueron sus ojos —esos ojos penetrantes, imposibles de olvidar— los que me detuvieron en seco. Mi garganta se secó, mi corazón dio un ritmo que no reconocía, y el trípode en las manos de Adrian de repente pareció ingrávido mientras luchaba por recuperar el aliento."¿Papá?" La palabra apenas escapó, un susurro ahogado por la incredulidad. Quería gritar, correr, derrumbarme, pero mi cuerpo se negaba a cualquier movimiento coherente. El hombre frente a mí —mi padre— sonrió, pero no era una sonrisa cálida. No era el consuelo que había imaginado durante años. Era calculada, medida, y justo lo suficiente para desestabilizarme por completo."Sabía que estarías aquí, Nadia", dijo, con voz baja pero clara, esa calma que hacía que el caos detr
Leer más