Punto de vista de Nadia
No escuché claramente el primer estruendo; se mezcló con el zumbido del calentador y el rumor lejano del tráfico, pero el segundo atravesó la casa como un anuncio brutal. Me quedé congelada a medio camino hacia la cocina, el vaso que llevaba en la mano se me escapó y explotó contra las baldosas. El sonido me hizo dar un salto, pero no tanto como el grito que siguió: bajo, masculino y lo bastante cerca como para sentirlo en el pecho más que en los oídos.
Adrian reaccionó